Carta de una perra adoptada a su dueña

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Cuando hablamos de actos de amor, adoptar es uno de ellos y no sólo para nuestra especie. A veces, sin palabras pero con un mirada, basta para entender qué están sintiendo nuestros perros. Cuando vamos a un refugio de animales y observamos sus caritas, ¡¿quién se atreve a decir que no están diciendo, “adóptame”?! Una mirada puede reflejarnos el alma de un animal y sus necesidades o sentimientos.

Desde ExpertoAnimal queremos poner en palabras a algunos de los sentimientos que creemos ver desde los ojitos de un perro que quiere ser adoptado. Si bien las cartas hoy en día ya casi no están en uso por la aparición de los mails y las redes sociales, es un lindo gesto cada vez que las recibimos, y nos quitan una sonrisa.

Por ésta razón pondremos en palabras lo que creemos siente un animal después de ser adoptado. Ya lo decía el Principito en su libro: “Domestícame y seré el ser más feliz del universo”. Disfruten de ésta hermosa carta de una perra adoptada a su dueña.

Querida Dueña,

¿Cómo olvidar ese día que entraste al refugio y nuestras miradas se cruzaron? Si existe el amor a primera vista, creo que fue eso lo que tuvimos. Yo corrí a saludarte junto a 30 perros más, y entre ladridos, gruñidos y caricias deseaba que me eligieras a mí entre todos. No dejaba de mirarte, ni tú a mí, tus ojos eran tan profundos y tiernos… Sin embargo, pronto los demás hicieron que quitaras tus ojos de mí, y yo me desanimé como tantas otras veces ocurría. Sí, creerás que soy así con todos, me gusta enamorarme y desenamorarme, una y otra vez. Pero creo que ésta vez algo causé en ti algo que no había ocurrido anteriormente. Viniste tú a saludarme abajo de mi árbol donde me refugiaba cada vez que llovía o, me rompían el corazón. Mientras el dueño del refugio te intentaba dirigir a otros perros tú, caminaste en silencio hacia mí, donde el flechazo fue definitivo. Quise hacerme la interesante y no moverte tanto mi cola, ya descubrí que eso a veces asusta a los futuros dueños, pero no pude, no paraba de girar como si fuese un helicóptero. Jugaste conmigo 1 o 2 horas, ya no lo recuerdo, pero fui muy, muy feliz.

Todo lo bueno acaba pronto dicen, te pusiste de pie y caminaste hacia la casita de donde sale la comida, las vacunas y muchas otras cosas más. Yo te acompañé hasta allí dando brincos y lamidos al aire pero no parabas de decirme, tranquila… ¿Tranquila? ¿Cómo iba a estar tranquila? Ya te había encontrado. Tardaste un poquito más de lo esperado allí dentro… No sé si fueron horas, minutos, segundos, para mí, una eternidad. Volví hacia mi árbol donde me escondía cuando estaba triste, pero esta vez con la cabeza mirando hacia otro lado que no era la puerta por donde habías desaparecido. No quería ser testigo de que salieses y te fueses a tu casa sin mí. Decidí dormir para olvidar, no ser testigo del momento mágico recién ocurrido.

De repente escuché mi nombre, era el dueño del refugio, ¿Qué querrá? ¿No ve que estoy triste y ahora no me apetece comer ni jugar? Pero como soy obediente giré y ahí estabas tú, agachada, sonriéndome, ya habías decidido que me iría a casa contigo.

Llegamos a casa, nuestra casa. Estaba asustada, no conocía nada, no sabía cómo comportarme por lo que decidí seguirte por donde quieras llevarme. Me hablabas tan dulcemente que era difícil resistirme a tus encantos. Me enseñaste donde dormiría, donde comería y dónde lo harías tú. Tenía todo lo necesario, hasta juguetes para que no me aburra, ¿cómo pudiste pensar que iba a aburrirme? ¡Tenía tanto por descubrir y aprender!

Pasaron los días, meses y tu cariño crecía a la par del mío. No voy a profundizar en discusiones de si los animales tenemos sentimientos o no, solo te cuento lo que me pasa a mí. Hoy, por fin puedo decirte que lo más importante en mi vida eres tú. Ni los paseos, ni la comida, ni siquiera ese perro tan guapo que vive en el piso de abajo. Eres tú, porque siempre estaré agradecida que me hayas elegido entre todos.

Cada día de mi vida se divide entre los momentos que estás conmigo y los que te ausentas. Nunca olvidaré los días que llegabas cansada del trabajo y con una sonrisa me decías: ¿Vamos a pasear? o ¿Quién quiere comer? Y yo, egoísta que no quería nada de eso, sólo estar contigo, no importaba el plan.

Ahora que llevo un tiempo sintiéndome mal y tú durmiendo a mi lado, quería aprovechar para escribirte esto y lo lleves contigo toda tu vida. No importa a dónde vaya, jamás podré olvidarte y siempre estaré eternamente agradecida, porque eres lo mejor que me pasó en la vida.

Pero no quiero que te quedes triste, vuelve a andar el mismo camino, elige a un nuevo amor y dale todo lo que me diste a mí y nunca podrá olvidarte. Otros merecen una dueña como la que tuve yo, ¡a la mejor!

FUENTE: Expertoanimal

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El equipo de profesionales de la tienda para mascotas Bark and Talk de Torrejón de Ardoz, formado por auxiliares veterinarios, peluqueros caninos, expertos en bienestar animal...
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